El sistema patriarcal nos dice que los hombres debemos mostrarnos como expertos en la sexualidad y nos hace competir con otros hombres. También nos dice que para el ejercicio de la sexualidad el pene es central y por eso nos preocupamos tanto por el tamaño; también nos dice que tenemos que ser sexualmente activos y estar siempre dispuestos a tener relaciones sexuales.
Todo eso hace que se construya una idea de que la sexualidad masculina es irrefrenable, potente y que lo más importante es la penetración. En cambio, a las mujeres se les juzga por el ejercicio de su sexualidad y se les refuerza la idea de que ellas están hechas únicamente para la reproducción.
Estas ideas sobre la sexualidad hacen que a los hombres no se nos eduque para ser cuidadosos y asumir plenamente la responsabilidad sobre nuestra sexualidad y nuestra capacidad reproductiva.
El machismo nos dice que los hombres podemos "apoyar" o "ayudar" desde lejitos, pero no sólo se trata de eso. Lo importante es que los hombres nos responsabilicemos de nuestra sexualidad y nuestra reproducción, que nos sintamos parte y co-responsables de la prevención.
Un comportamiento de hombre igualitario sería reconocer, respetar y valorar la sexualidad femenina en toda su expresión, sin juicios ni violencia; y también asumir que mujeres y hombres tenemos capacidad reproductiva, por lo que a cada quien nos corresponde hacernos cargo de ello, informarnos y llevar a cabo las medidas necesarias para ejercer nuestra sexualidad de manera libre, segura y placentera.
Si yo también soy responsable del embarazo, ¿puedo decidir si se interrumpe o no?
Si bien es cierto que también es mi embarazo, es fundamental darnos cuenta de que, por más que los hombres nos involucremos y participemos de manera igualitaria y comprometida, en los hechos concretos son las mujeres quienes ponen el cuerpo en el embarazo. Hay que ser conscientes de esta diferencia corporal y reconocer plenamente que las mujeres son personas independientes y autónomas, con derechos y ciudadanía.
Así que, por muy involucrados que estemos, no podemos decidir sobre el cuerpo de la otra persona, pues a pesar de que asumamos que sí, es mi embarazo, es indiscutible que "no es mi cuerpo".
¿Qué pasa si yo no quiero que aborte porque quiero ser padre?
Desde luego que los hombres tenemos derecho a la paternidad. Sin embargo, es importante comprender que los derechos humanos no pueden pelearse entre sí. Recordemos que "mis derechos terminan en donde empiezan los tuyos".
Nuestro derecho a la paternidad no puede estar por encima del derecho a decidir de las mujeres sobre sus propios cuerpos y vidas.
Cuando un hombre desea ejercer su derecho a la paternidad de manera libre y consciente, como primera condición debe plantearlo y negociar con la persona con quien le gustaría reproducirse.
Eventualmente, la otra persona decidirá si está de acuerdo o no, porque resulta que ella también tiene el derecho a decidir si quiere tener hijos/as o no y con quién.
Entonces las mujeres no pueden ser obligadas a embarazarse ni a llevar a término un embarazo que no desean para cumplir con el derecho de los hombres a la paternidad, del mismo modo que no se puede obligar a los hombres que no desean ser padres a que "embaracen" a una mujer que desea ser madre.
¿Qué espera ella de mí durante el proceso del aborto?
La mejor manera de saber lo que ellas esperan de nosotros durante todo el proceso, es preguntándoles a ellas y escuchando con atención lo que nos dicen. Muchas mujeres pueden llegar a sentirse solas. Incluso cuando cuentan con algún tipo de apoyo u acompañamiento por parte de sus parejas u otras personas cercanas.
Recordemos que ellas traen el embarazo todo el tiempo y a donde vayan, no hay manera de que puedan escapar de eso. Nosotros, como no lo vivimos en nuestros cuerpos, lo pasamos diferente. Así que es importante que nos preguntemos: ¿de qué maneras puedo transmitirle a mi compañera que tengo todo el interés y que estoy presente? A veces ayuda mucho simplemente preguntar cómo es que se va sintiendo y escuchar atentamente.
Ya en un sentido más práctico, muchas mujeres esperan que sus compañeros participen activamente en el proceso de buscar información, orientación y servicios de aborto seguro, así que eso ya nos da algunas pistas de lo que en concreto podemos hacer.
También hay mujeres que expresan un fuerte deseo de que sus compañeros se involucren más allá de los apoyos financieros o logísticos, y que se comporten como una presencia comprometida, igualitaria y amorosa. Cuando somos capaces de lograrlo y comportarnos como hombres sensibles, igualitarios y participativos tanto en lo logístico como en lo emocional, la relación incluso se convierte en un espacio de cuidado y apoyo muto.
Si deseas acompañar a una persona que está decidiendo abortar, contáctanos podemos brindarte herramientas para su acompañamiento.